Posteado por: Esther | noviembre 8, 2008

Literatura en catalán: EDAD MEDIA

EL ESPLENDOR MEDIEVAL

Ramón Llull (s.XIII), en prosa, y Ausiàs March (s.XV), en poesía, son los dos grandes escritores en lengua catalana de la Edad Media. Esta gran época de esplendor culminó con TIRANT LO BLANCH (TIRANTE EL BLANCO) de Joanot Martorell (publicada en 1490). Tirante el Blanco es en El Quijote de Cervantes el único libro que se salva de la quema de libros que hicieron el barbero y el cura para intentar curar la demencia de Don Quijote.

Tirant lo Blanch es la primera novela caballeresca impresa en el ámbito peninsular, se publica antes de Amadís de Gaula.

Portada de la traducción castellana de 1511

Portada de la traducción castellana de 1511

Tirant lo Blanch narra los amores y pendencias del caballero protagonista que le da su nombre. El héroe se inicia participando en competiciones caballerescas en Inglaterra, prosigue sus aventuras en Francia y termina llegando a salvar al Imperio Bizantino, como duque del Imperio, frente a los turcos otomanos. Muere por una infección respiratoria justo antes de casarse oficialmente con la princesa Carmesina, heredera del imperio.

La obra de AUSIÀS MARCH está constituida por ciento veintiocho poemas que hablan del amor, las relaciones del hombre con Dios, el dolor y la muerte, el pecado y la virtud.

Ausiàs March fue un poeta muy leído y ejerció honda influencia en grandes poetas castellanos como Boscán, Garcilaso, Fernando de Herrera y Gutierre de Cetina. Además, toda la poesía en catalán del s.XVI es un intento de imitación de su obra.

Lee el siguiente poema (intenta entenderlo en caltalán; la traducción está más abajo):

COMO EL TORO

Sí com lo taur se’n va fuit pel desert

quan és sobrat per son semblant qui el força

ne torna mai fins ha cobrada força

per destruir aquell qui l’ha desert,

tot enaixí em cové llunyar de vós,

car vostre gest mon esforç ha confús:

ne tornaré fins del tot haja fus

la gran paor qui em tol ser delitós.

Como el toro que huido va al desierto,
por su igual derrotado, que le fuerza,
y no vuelve sin antes cobrar fuerza
por destruir al que antes le ofendió,
así de vos conviene que me aleje,
pues vuestro gesto confundió a mi arrojo;
no volveré hasta que haya domeñado
el gran temor que priva mi deleite.

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